Principios de la reanimación cardiopulmonar

Jueves, 5 Junio   

La sangre sirve entre otras cosas para transportar el oxígeno a los órganos, permitiéndoles funcionar (la respiración celular, les abastece de energía). Al haberse parado la respiración, hay que suplirla por la ventilación artificial.

La ventilación artificial consiste en enviar el aire a los pulmones de la víctima. Practicamos una ventilación llamada “a presión positiva”: soplamos (con la boca o con un dispositivo) aire, la presión del aire expande los pulmones. Allí, se producen las interacciones gaseosas, y la víctima espira pasivamente (el peso del pecho y de las vísceras oprimen los pulmones, que se desinflan).

Cuando se practica la ventilación artificial sin material (boca a boca, boca a nariz, o boca a boca y nariz sobre lactantes), enviamos una insuflación de aire que, aun siendo el espirado por el salvador (y por tanto, empobrecido), es bastante próximo al aire que se respira (contiene un 16 % de de oxígeno): en efecto, una parte del aire proviene de las vías altas (bronquios, tráquea, boca) y es similar al aire respirado, y el aire que proviene de los pulmones es empobrecido en oxígeno, aunque todavía lo contiene. Cuando se utiliza un balón insuflador (con una máscara bucal), enviamos aire ambiente (21 % de oxígeno). Si se conecta una botella de oxígeno médico, aumentamos mucho más la fracción inspirada de dioxígeno (FiO2), y podemos incluso insuflar oxígeno puro (casi al 100 %) cuando utilizamos un balón de reserva.


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